FUGA Y DERRUMBE

By septiembre 05, 2017

Doy hueco oscuro
al amor que me hostigaba,
la sombra negra
ya no repta tras mis pasos.
En mis pulmones,
el alivio del suspiro
guerreando con mis ojos insistentes,
recordatorio febril de todos tus detalles.

Me daña el aire
al aprender a respirarle.

Tu fragancia
me confirió presa de la carne.
Ahora añoro las huellas de tus dedos;
caminantes proclives de mi sima,
deudores del placer que yo ofrecía,
estambres de azahar en las mañanas.

Invoco a un nuevo satanás
que me eleve hasta los cielos.

Proclamo a esta ruina,
reina de rabias y amarguras.
Solo el procaz destello que inventan las luciérnagas,
Por un momento sol
En el jardín donde pasean mis dudas preferidas
salvaguardan a mi cuerpo de ser codiciado
por la inquina del murmullo ajeno.

Presiento un ángel
volando en mi venganza.


La noche
viene a contemplarme,
tenebrosa vigía de mis culpas.
Mi oscura madre me brinda su regazo
y admito someterme a su negra disciplina.
En su vigilia muero
inmersa en la opacidad de algún instante;
pues débil por amor
soy ahora mansa.

Recurro a otra boca,
asesina de mi vergonzoso llanto.

Me duelen los lugares que habitaste,
fingiendo en sus rincones
que me amabas.
Ahora duermo apoyada en el corazón de Nadie;
elocuente contestador de mis soliloquios,
amigo íntimo de mis secretas vanidades.

Visualizo a otro mortal dios
descendiendo hasta mi infierno.

Tu esencia,
tormenta en las mañanas de mi mente,
quién incapaz de espantar a tus promesas,
inventa un calambur
con tu perenne nombre.

No cesa el viento de empujar
a las campanas cuando tañen.


Cansada de andar entre tus pautas,
al abrigo de tus férreas enseñanzas arrogantes,
acudo ilusa a orar al dios de la elocuencia
con dádivas de frases en mis manos,
con ofrendas de sílabas de amor,
que alumbren de sentido mi vital poema.

La tarde viene a contemplarme
y absorta,
me llora en mi ventana.

Todo se torna apenas importante,
la vida huele a niebla de noviembre.
Un camposanto se ha instalado en el paisaje de mi alma,
y los días
ocultos en sus tumbas,
son el fruto de esta cosecha del presente.

Hojas caen del árbol de la nada
muertas por dos veces.

Sobras quedan del hombre sostenido,
por mi andamiada de palabras
pronunciadas tras espejismos de macabro éxtasis;
que jugó con las miserias de mi mente,
que degolló al pájaro cantor de un solo golpe,
que olvidó a la niña sentada en algún parque.

Las fuentes del placer se han secado,
tu sequía las protege.



Conservo el recuerdo de tu brazo,
cuyo ángulo convexo
fue anclaje férreo de mi cuerpo
y asidero en días inestables;
aún huelo el frío que encerrabas en tus palmas,
mi abrigo gigantesco,
sosiego cálido en mis miedos infundados.

La memoria,
enemiga atroz,

me tortura con tu sombra y tu recuerdo.

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